Mostrando entradas con la etiqueta libre mercado anti-capitalista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libre mercado anti-capitalista. Mostrar todas las entradas

La presencia anarquista en el ciberespacio

Aunque me arriesgo a caer en el monólogo, la cuestión de principios o sencillamente ambos, no puedo evitar preguntarme: ¿cuán útil es la presencia anarquista en el ciberespacio?
Hay ámbitos en los que queda más claro y ´posiblemente hasta se caiga de la mata que nuestra presencia e involucramiento es esencial, especialmente todo lo que tenga que ver con la denominada piratería; es de anarquistas impulsar y tomar parte en el libre y gratuito compartir de información, ideas, arte, música, software, libros electrónicos y otros. De eso no cabe duda.

No obstante, en lo que más directamente cabe y concierne nuestro Ideal, ¿cuán útil o necesaria es nuestra presencia en el ciberespacio? Sé que esto se publicará en un blog y por ende estará presente en el ciberespacio pero igual no puedo evitar preguntarme cuán útil o beneficioso al Ideal es esto de presentar nuestros temas en el ciberespacio y tratar de impulsar el tipo de sociedad que queremos. Y el cuestionamiento surge de varias cosas que he observado en el internet, como por ejemplo:

·         La obstinación generalizada de usar el internet para distraerse y no informarse (¡Dios libre! Hace daño estar leyendo de esas cosas que pasan)
·         La convención social del internet de sólo aceptar creer cosas que se aprendan a través del chiste o un mero video de YouTube, sin exigir fuentes o ser muy crítico de las fuentes presentadas
·         La triste tendencia a que los blogs los leen y siguen aquellos que ya andan convencidos de lo que se dice en el blog
·         El bombardeo de anuncios en prácticamente todo foro de parte de los capitalistas
·         La creciente falta de espacios públicos reales, ya que casi todo le pertenece a los Estados o a los capitalistas
·         La asunción generalizada de que la sociedad no se puede cambiar, y sólo se puede vivir en el carpe diem o luchar por meras reformas para tus conocidos más cercanos.

A menudo los anarquistas, igual que los marxistas, escriben y hablan de “la revolución” que traerá a la realidad nuestras ambiciones. Pero no puedo evitar preguntarme de qué revolución hablan. La Revolución Francesa no logró acabar con los absolutistas ni traer la igualdad social más de lo que el asesinato trae la resurrección, y lo mismo ha pasado con la revolución Bolchevique, la cubana, y muchas otras llamadas revoluciones. Perdonen mi cinismo respecto a las insurrecciones, pero la única manera en que se me hace posible y razonable entender el concepto de Revolución Social de Bakunin es entender revolución no como insurrección masiva y cambio de estructura social forzado sino más bien como un cambio a algo radicalmente distinto a lo ya conocido a través de la costumbre, la práctica, la utilidad y el ejemplo. Me consta por razones lógicas que para que esto se dé a cabo hacen falta el convencimiento político-moral que irrevocablemente lleve a la práctica del ideal anarquista y socialista libertario de manera repetida y numerosa en el ámbito micro para que se torne macro y que a este proceso se le llame la revolución social, pero, ¿cómo logramos ese convencimiento de manera inquebrantable? ¿Cómo logramos que no sólo saque raíces la semilla libertaria, sino que de ella surja un árbol que rehúse dejar de crecer y dar fruto hasta morir? Y, volviendo al punto de partida, ¿de qué manera contribuye, realmente, nuestra presencia en el ciberespacio a ello?

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

El valor de (A)mar

No creo en las naciones,
no creo en los Estados,
propiedad ni jerarquías.
Creo en la libertad
en la solidaridad
y la autonomía.

Ningún mercado excepto el libre
aunque creo en el socialismo
y la independencia.
No es contradicción, sólo necesidad
de la libertad y la igualdad
que no propulsan ni logran
ni los nacionalistas ni marxistas.

Creo que ninguna estrella en bandera negra
es mejor que una en un trapo manchao de sangre.
Hay una revolución que se puede hacer
sin tiros ni tan siquiera armas;
Bakunin le llamó Revolución Social
pero yo sólo le llamo tomar lo que es nuestro-
desangrar al Estado
y los vampiros del capital
es nuestro deber
y abrir el paso a las próximas generaciones.

Odio también las corporaciones
no porque son de "afuera" o monopolicen,
sino porque ninguna construye o produce,
ninguna se sostiene por y para la necesidad
sólo el lucro o la vanagloria.

Yo sé que la política no vende,
pero si eso es lo que yo quisiera
montaría una tienda en el condado.
Prefiero hacerte pensar y despertar la rabia
de saber que todos los días
a muchos los cogen de pendejos.
No hay honor en el emplear,
sólo en cooperar;
nunca verán mejor receta a la pobreza
que armar a los desposeídos
de la artillería del trabajo igualitario.

Te preguntarás quien soy,
pero te diré, ¿qué carajo importa?
¿Acaso arrasa menos
un río sin nombre en una tormenta?
Soy un fantasma negro
hijo del molotov y de la asada
que igual destruye y construye
porque no soy un cliché
ni un líder sindical.
Soy la llama que arrasa al que se cree árbol
y tapa nuestro sol
para que el bosque de arbustos pueda florece.r

Soy prueba del valor de amar
del amor que libera y no amarra,
de un "te amo" que no se traduce a "soy tu amo"
de un amor que no distingue entre familiar y extraño;
soy la furia del río detrás de la represa
sin quien quiera identificar cada gota.

-Eduardo Aladino


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

La propiedad es un robo: breve reseña de la más reciente antología (en inglés) de Pierre-Joseph Proudhon

"You can’t crush ideas by suppressing them. You can only
crush them by ignoring them. By refusing to
think, refusing to change. And that’s precisely
what our society is doing!"
"Bedap", The Dispossesed (Ursula K. Le Guin)

¡La propiedad es el robo! se ha convertido en un lugar común entre lxs socialista libertarixs y, en muchos casos, la única referencia a los textos de Pierre-Joseph Proudhon que pueden hacer algunxs. Aún más, pareciera que esta frase fuera lo única de importancia entre los textos de este escritor anarquista. Ahora bien, no pretendo crear un ídolo de este personaje (histórico) y mucho menos convertirlo en la piedra angular del libertarismo, mas bien volver a insertar sus textos dentro de la corriente de pensamiento libertaria, ya que gran parte de la planteado por Proudhon mantiene vigencia en nuestras sociedades y culturas (post)modernas.

La nueva antología Property is Theft! editada por Iain Mckay, principal contribuyente de An Anarchist FAQ, es una excelente herramienta para quienes por alguna razón u otra desean conocer las ideas centrales de la obra teórica de Pierre-Joseph Proudhon. Con aproximadamente 800 páginas de biografía, análisis, fragmentos y textos completos esta reciente compilación impresa es un gran esfuerzo para hacer disponible los textos que avivaron y trasladaron el pensamiento y la filosofía (pre)libertaria al ruedo político-ecónomico actual y a las luchas (algunas de ellas violentas) por la justicia social.

Antes que todo,debo mencionar que la introducción escrita por McKay vale la pena de ser leída y traducida como un texto independiente. En pocas páginas resume las proposiciones de Proudhon haciéndolas accesibles a un amplio rango de lectorxs. Cabe reseñar el apartado en que McKay disipa algunos mitos que se han construído en torno a Proudhon para favorecer la figura de Karl Marx. McKay no se acobarda en señalar que "[t]he core of Marx's critique rested on a massive confusion of commodity production (the market) and capitalism" .

Iain McKay nos recuerda que:

"Another area where Marx’s critique has proven to be lacking was his argument in favour of central planning. Given the actual experience of planned economies, it is amusing to read him suggest that “[i]f the division of labour in a modern factory, were taken as a model to be applied to an entire society, the best organised for the production of wealth would be incontestably that which had but one single master distributing the work, according to a regulation arranged beforehand, to the various members of the community.” In reality, such a centralised system would be, and was, swamped by the task of gathering and processing the information required to plan well. Proudhon’s decentralised system would be the best organised simply because it can access and communicate the necessary information to make informed decisions on what, when and how to produce goods."
Suficiente acerca de esta introducción la cual pueden leer en su totalidad accediendo aquí. Ahora quisiera compartir algunos planteamientos que pueden resultar interesantes al lector que está considerando acrecentar sus conocimientos de las proposiciones libertarias ebozadas por Proudhon embarcándose en la lectura de la antología Property is Theft! (o leyendo alguna traducción de sus textos al español).

Los textos de esta antología han sido organizada en orden cronológico comenzado con fragmentos de su obra más conocida, escrita en 1942, ¿Qué es la propiedad? (y la puede conseguir de forma íntegra y traducida al español en nuestra biblioteca). En este texto Proudhon desarrolla el análisis de la propiedad que aún hoy fundamenta (casi) todo la teoría socialista (post)moderna. De el mismo texto se deriva el respeto por la ocupación-y-uso de la tierra como forma legítima de vivir (en igual-libertad) en oposición de la propiedad privada, según es defendida los (neo)lockeanos. También es uno de los primeros textos en reconocer que es el trabajo asalariado la clave del sistema de explotación obrera actual vinculando dicho sistema de explotación al orden propietario vigente y al Estado como la institución que permite y promueve dicho sistema. Más adelante añadirá a su análisis el asunto monetario y crediticio para dar forma a lo que será su propuesta económica libertaria.

La oposición de Proudhon al socialismo estatista es clara en cada un de sus textos. En La organización del crédito y el intercambio señala que "la organización del trabajo debe ser producto de la libertad individual". Sin embargo, en diversas ocasiones sugiere que la organización del crédito se lleve a través de un Banco Nacional (a partir del Estado?). La idea de este banco sería asegurar el credito mutuo de todxs lxs habitantes de Francia de forma tal que no cobrase intereses ya que todxs lxs franceses serían dueños del banco sin necesidad o deseos de cobrarse intereses a si mismxs. La intención del crédito mutuo es permitir la autogestión obrera sin necesidad de participar en la banca capitalista, ya que serían lxs trabajadorxs mismxs quienes se prestarían lo necesario para auto-emplearse. Además esto sería cónsono con la oposición de Proudhon a la centralización forzada, ya que el crédito mutuo no obliga al trabajador a afiliarse a algún gremio o nacionalisación pero tampoco le impide la libre asociación. Algunxs individualistas estadounidenses adoptarían está idea en lo que llamarían Bancos mutuales y donde el interés solo debía reflejar el costo de operar el banco, reduciéndose virtualmente a cero.

Las prácticas cooperativistas y autogestionarias de ciertos trabajadores llevaron a Proudhon a llamar mutualismo al sistema económico que proponía. Este era el nombre con que se conocía en aquella época al cooperativismo y la autogestión.

Su crítica a la democracia (como Estado representativo) se esparce por diversos textos tales como La Solución al problema social, y en su texto A los patriotas donde señala que "el gobierno nada puede hacer ustedes [ lxs ciudadanxs]"... ..."pero ustedes pueden hacerlo todo por ustedes mismos". En Resistencia a la Revolución propone que "la única forma de organizar un gobierno demócratico es aboliendo el gobierno".

En no pocas ocasiones sus propuestas de liberación social son gradualistas, como en el Manifiesto eleccionario de El Pueblo donde favorece que "las minas, los canales y los trenes sean cedidos a organizaciones obreras organizadas democraticamente y operando bajo la supervisión del Estado, bajo condiciones establecidas por el Estado pero bajo la propia responsabilidad de l[x]s trabajadores". Aún así, más adelante recalca que "el socialismo es lo opuesto al gubernamentalismo". Su posición era que "la nueva sociedad debía ser fundada desde el interior de la vieja".


En las Confesiones de un revolucionario resume su ideal de libertad de la siguente manera:

"No más gobierno de [lxs humanxs] por [lxs humanxs] por medio de la acumulación de poder; no más explotación de [lxs humanxs] por [lxs humanxs] por medio de la acumulación de capital."
Y en Idea general para la revolución en el siglo diecinueve propone que:

"En los casos donde la producción requiriese gran división de funciones y una considerable fuerza colectiva es necesario formar una ASOCIACIÓN (las mayúsculas pertenecen al texto original) entre lxs obrerxs de ésta industria, porque sin ésta se mantendrían relacionados como subordinados y superiores, provocando una división entre castas industriales de amos y asalariados, lo cual sería repugnante en una sociedad libre y democrática".
(Estás proposiciones suenan bastante radicales y hasta muy colectivistas para un supuesto "pequeño-burgués".)

No faltan en esta colección fragmentos de El Principio Federativo y La capacidad política de la clase obrera los cuales pueden encontrar de forma íntegra en nuestra biblioteca también.

Evidentemente se han dejado algunos textos y fragmentos fuera de esta antología, principalmente donde queda claro el matiz machista del que nunca pudo librarse Pierre-Joseph Proudhon y que bien le ha sido bien criticado por muchxs anarquistas contemporáneos de éste.

Sin duda alguna, esta antología es una gran herramienta para lxs anarquistas contemporáneos. La única desventaja es que aún está disponible solo en inglés y es poco probable que veamos una publicación similar en español en un futuro cercano. Aún así, Iain McKay se ha esforzado en lograr presentar la amplitud del ideario de Proudhon el cual lo víncula a todo el socialismo libertario y no solo a algún sección del mismo. Celebro esta reciente publicación de AK Press y espero que los que no puedan acceder a la misma (creo que aún no ha sido digitalizada completamente, pueden acceder a algunos textos y fragmentos aquí) al menos disfruten de los que poseemos en nuestra biblioteca.


Nota:

Me tomé la libertad de traducir las citas de Proudhon en favor del lector hispano ya que las mismas son una traducción del francés. Decidí no hacer lo mismo con las citas tomadas de McKay las cuales originalmente fueron escritas en inglés.

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Libre mercado anti-capitalista (tercera y última parte)

Libre mercado, competencia, dinero y...  ¿Qué hay de la cooperación? ¿Donde queda la solidaridad?

    El libre mercado anti-capitalista no implica la desaparición de la cooperación entre los humanos. Al contrario, es una forma de promover la (re)organización de la cooperación voluntaria y el intercambio, sin perjudicar la libertad individual que promovemos.

    Cada individuo debe tener la oportunidad de decidir por si mismo que tareas desea desempeñar para subsistir. Esto puede incluir desde la más solitaria vida en algún lugar apartado, elaborando todas las tareas domésticas, como la vida en grupos que comparten voluntariamente sus productos a través del libre acceso a sus almacenes, como en empresas-obreras autogestionadas por los trabajadores mismos, o servidores individuales dispuestos a intercambiar sus servicios de forma independiente, entre muchos formas autónomas de producir, intercambiar, regalar y consumir. Solo sería necesario que quien quisiera desafiliarse de alguna asociación en la que participa pudiera hacerlo. De lo contrario, estarían atrapados en una sola forma de vivir y se habría perdido la libertad.

    El libre mercado tampoco requiere que se adopten las ideas propietarias derivadas del los textos de John Locke. Mucho menos se pretende legitimar la propiedad capitalista (actual) que en muchos casos no es legítima ni por los  planteamientos (neo)lockeanas siquiera. Pero sí es una oposición a la imposición de la planificación centralizada, sea a través de un municipio autónomo o del Estado. Porque todos los humanos deben poder elegir como desean subsistir y qué desean producir, regalar, intercambiar y consumir.

Disgresión acerca de la tierra

    El socialismo de libre mercado rechaza la forma de apropiación actual de la tierra y la reemplaza con el criterio de ocupación-y-uso. Esto implica que cierto espacio de tierra pertenece a un idividuo (o colectivo) solo mientras lo ocupa-y-usa directamente. (Veáse el siguiente recopilatorio acerca de la propiedad (o posesión) mutualista sobre la tierra para más información.) Esto es cónsono con la igual libertad de los individuos, puesto que nadie debe quedar sin una tierra para ocupar-y-usar, sin necesidad de pagar rentas o impuestos.

La acumulación del capital se torna en un obstáculo para las empresas e individuos

    Que exista un libre mercado no implica, necesariamente, un eventual retorno al capitalismo. Todo lo contrario. Habiendo considerado como funciona el capitalismo (actual), podemos apreciar que las grandes fortunas no han sido fruto del trabajo y el ahorro, sino que depeden necesariamente de las conexiones con el poder estatal para acrecentar sus ganancias.  Mantener la presente acumulación de capital entre pocas empresas o individuos sería tan difícil y costoso sin la protección del Estado, que podríamos imaginarlo como imposible. Sin el Estado (ni el uso de la coerción), el poder de las corporaciones sobre sus empleados y los consumidores se hace harina. Porque su poder radica en el uso de las patentes, licencias y derechos de autor, además de las tarifas proteccionistas para evitar las importaciones, la responsabilidad limitada y otros subsidios (como el reciente "rescate económico" de ciertas instituciones financieras, etc). Por tanto, lo que es extraño en la actualidad, sería muy común dentro de un libre mercado anti-capitalista: que los trabajadores puedan ser los dueños del capital que necesitan para trabajar y que sean estos mismos quienes manejen según sus criterios la administración de su empresa.

Conclusión

    El capitalismo no es un sistema socio-económico de libre mercado. El libre mercado es necesariamente anti-capitalista, implica la abolición del capitalismo y el desmoronamiento de sus opresivas jerarquías. Presenta además una (re)organización de la sociedad utilizando prácticas que no nos son del todo desconocidas y que permiten la cooperación voluntaria entre los humanos. Como concepto, solo designa una posibilidad en la anarquía, una (re)organización económica donde no se obliga a nadie a comerciar pero tampoco nadie puede prohibir el comercio.

    Si alguna vez confundió el sistema en que vivimos con el libre mercado, no se preocupe, es un mito que lleva ya algunos años y a muchos nos puede haber confundido. Pero luego de abandonado el mito, solo nos queda promover la anarquía, la libertad de todos los humanos, la igual libertad de todos los humanos en la anarquía.



Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Libre mercado anti-capitalista (segunda parte)

    El libre mercado requiere que no haya trabas en el intercambio de bienes y servicios. No implica que obligatoriamente todos debemos intercambiar, pero sí que no se impida intercambiar libremente a quienes deseen vivir de esa forma. ¿Y quién que aceptase la libertad individual, podría prohibirle a otros que intercambien libremente y ser consistente con sus principios?

Algunos conceptos básicos
(explicados de forma muy simple)

    La oferta y demanda representa a dos actitudes inversas; cuanto ofrecen unos y cuanto piden otros de X cosa. Pero en el intercambio alguién que demanda algo debe ofrecer otra cosa a cambio por ello. Por ejemplo, si Alef necesita limones pero solo tiene chinas, ofrecerá chinas a cambio de limones. Si Gímel tiene limones y necesita chinas, ofrecerá sus limones a cambio de chinas. Este sería un mercado de chinas y limones. Consideremos que ambos trabajaron individualmente para obtener sus respectivos productos. ¿Como decidirán cuanto producto intercambiar por otro? Pues eso dependerá de cuál sea la oferta y la demanda de chinas y limones en el mercado.

    Ahora bien, si hay muchas más chinas que limones, es probable que la gente esté dispuesta a dar más chinas por cada limón o que aquellos que venden limones pidan más chinas a cambio de sus limones. ¿Por qué? Porque a los que ofrecieron chinas (por limones) se le fermentarían las chinas sobrantes y le ven poco valor a dejarlas podrir y porque los limones serían un producto relativamente escaso lo que les añadiría valor (en chinas) en ese momento. No se podría imponer arbitrariamente un precio para algunos (o todos) los productos y servicios, pues dicha imposición distorsionaría la oferta y demanda en favor de ciertos productores o consumidores y el único mecanismo para lograrlo sería la coerción. Sin embargo, el mecanismo es sencillo si la oferta de chinas es mayor que su demanda su precio baja y si la oferta de chinas es menor que la demanda (o sea, que haya menos chinas que limones) su precio (en limones) sube.

    Por otro lado, la competencia se basa en lo siguiente: que pueda haber más de un (individuo o empresa) ofreciendo sus productos (y/o servicios) y la no obstaculización coercitiva para que entren más personas a ofrecer algún producto o servicio. Por ejemplo, si hay pocas chinas y mucha gente desea intercambiar sus productos (o servicios) por limones, bien podrían más personas cultivar chinas para suplir la demanda del producto. O por el contrario, si hay demasiadas chinas bien algunos podrían modificar su producto y convertirlo en jugo, mermelada, licor, etc. Así entrarían en otros mercados y no perderían el esfuerzo que han invertido originalmente. También podrían decidirse a producir otra producto o servicio.

    Esta práctica de ajuste libre de precios por oferta y demanda, más la posibilidad de competencia, ayuda estabilizar el precio de los productos y servicios.


    Lo explicado como trueque puede hacerse utilizando dinero, cosa que es harto conocida porque lo hacemos comúnmente. Sin embargo, el dinero actual opera como un monopolio del Estado. Pero en un libre mercado diversos bienes pueden funcionar como dinero (incluyendo la moneda fiduciaria o billete de banco) con la sola premisa de que sea aceptado entre las partes como forma válida de pago. No pretendo entrar en controversias en torno a la base ni estándar del dinero en una sociedad sin Estado, sino recordar que cuando un medio de cambio es ampliamente reconocido como forma de pago se convierte en una herramienta que facilita el intercambio. La mayoría (si no todos) los precios se calcularían en dinero para facilitar la transacción. Por tanto, donde los individuos son libres para intercambiar aquellos que es producto de su trabajo (bienes y/o servicios) en forma de trueque también son libres de hacerlo utilizando un medio de cambio (el dinero).

¿No es así como funciona el capitalismo?


    Sencillamente no. El (neo)liberalismo y el laissez-faire estatista conceden al menos un monopolio coercitivo del Estado en torno a la seguridad y la justicia. El Estado aún así puede redirigir la oferta y demanda de ciertos productos haciéndolos necesarios para mantener la milicia y la policía o la supuesta seguridad nacional. De esta forma se desvían millones de dolares de los contribuyentes para acumular armamento militar y la tecnología necesaria para producirlo, además de elaborar mecanismo de vigilancia sobre la población acerca de lo que consumen, leen, publican, etc.

    El Estado del bienestar (y la supuesta Social-democracia) solo busca beneficiar a ciertas compañías "nacionales" haciendo más costosa la entrada de los productos "extranjeros". Mantiene la población más pobre controlada brindándole subsidios para comida, de vivienda, de estudio, de salud (entre otras cosas) con el dinero de los impuestos del presente y del futuro. Sí, del presente y del futuro porque los bonos que emite el Estado para solventar su obra "social" los debe pagar con los impuestos del futuro, endeudando a todos los contribuyentes sin su consentimento.

    Lo mismo sucede cuando los Estados limitan la competencia y la innovación a través de las patentes y derechos de autor. Esto encarece el producto en beneficio de ciertos accionistas y ciertas corporaciones. También el Estado limita la cantidad de oportunidades de empleo con la emisión de licencias y colegiaciones obligatorias. Esto, a su vez, provoca una disminución en la oferta de ciertos servicios y productos (los servicios de salud, por ejemplo) haciéndolos más escasos y, por tanto, más costosos. La regulación y desregulación de los mercados suele ser puro relajo Estatal. Se regula para limitar la competencia y se desregula cuando es muy difícil que empresas nuevas ocupen algún lugar en el mercado.

    Estas son algunas entre muchas intromisiones con las que el Estado beneficia a una élite compuesta de ciertos empresarios, accionistas, líderes sindicales y religiosos, abogados y banqueros, entre otros mafiosos y parásitos. Así, dicha élite, a través del Estado, retiene su poder coercitivo y adquisitivo, sus jerarquías y su cultura, imponiendo sus criterios a todos los demás habitantes de una región. Por tanto, hablar de libre mercado dentro del régimen capitalista (actual) es sencillamente una vil mentira y una provocación.

(la tercera y última parte, llegará muy pronto)

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Libre mercado anti-capitalista (primera parte)

El socialismo de libre mercado: aceptación, rechazo y aceptación

    Para comenzar como es debido, el capitalismo NUNCA ha sido un sistema de libre mercado. El liberalismo (económico y político) aunque se articula(ba) como la defensa de la libertad, en cuestiones políticas y económicas ha mantenido cierto número de vicios autoritaristas como si fuesen el menor de los males ó parte de una justicia natural. El Estado ha sido uno de ellos y el que (para fines de este texto) resume la coerción inherente en el sistema liberal. La tendencia a favorecer a los capitalistas (dueños del capital, entiéndase, fábricas, bancos, inversiones etc.) fue lo que solidificó este nombre para el régimen liberal (o burgués). El capitalismo ha sido más o menos regulado/planificado por el Estado en beneficio... En beneficio de mantener una economía que favorezca a cierta élite. Esa élite está compuesta de un grupo heterodoxo de parásitos que viven a costa del trabajo de todos los demás. En ocasiones han nacionalizados servicios (policía, moneda, retiros, seguros, etc.) solo por evitar el desencanto de los no-privilegiados, generalmente, asalariados. No se trata de un plan socialista, solo parchos para mantener el poder. Porque, barriguita llena, ciudadano que no protesta...

    No niego la existencia de liberales radicales que favorecían lo que se ha denominado "laissez-faire" como forma alejar al Estado de la mayoría de los asuntos sociales, sin embargo, no ha sido hasta recientemente que se ha articulado como parte del movimiento libertario y más cercano a un libre mercado creíble. Y aún algunos, generalmente los más cercanos al neo-feudalismo, osan reclamar dicho título solo para si, aún a pesar de una tradición socialista que le antecede por casi un siglo.

    Sí, el libertarismo ha sido defendido por socialistas, aunque no necesariamente por la mayoría. Los socialistas fueron individuos organizados a la izquierda del liberalismo buscando una verdadera libertad de desarrollo para (TODOS) los individuos, sin necesidad de subordinación/alianza con los privilegiados y su Estado. Muchos buenos argumentos (y disparates también) fueron defendidos o rechazados para acabar con la obstaculización capitalista hasta que algunos de ellos, los MÁS, confundidos por los sofismas de Marx y Engels, quienes prometían una revolución que acabaría de una vez y por todas con los privilegios (de clases), enarbolaron la bandera del Estado obrero. Estos socialistas, abandona(ro)n el ideal de la libertad inmediata en favor de ser parte de la dictadura que salvaría al mundo, imponiendo una sola (re)organización economica: el comunismo. Este enfásis por el uso de la coerción estatista para "mejorar" la condición de vida de los no-privilegiados ha sido uno de los más detrimentales argumentos aceptados por los socialistas y lo que bien le ha valido el rechazo de la mayor parte de los habitantes del globo. Este socialismo es una traición a la sociedad, a la libertad individual, por tanto, al socialismo mismo.

    No puedo negar tampoco la existencia de marxistas radicales que han reinterpretado, modificado o se han apartado del autoritarismo en favor de una (re)organización voluntaria. Sin embargo, su marcadada animadversión al intercambio económico de libre mercado y al individualismo me obliga a mantenerlos al margen del libertarismo de izquierda, aunque con una perspectiva abierta a una posible transformación libertaria de algunas marxistas.

    Ahora bien los otros socialistas, quienes también se oponían al régimen liberal y su criatura, el capitalismo, mantienen algo en común, la valoración de la libertad individual. Por esto se conocían y conocen como libertarios, socialistas libertarios, ácratas o anarquistas. Sin embargo, podríamos hacer dos divisiones sencillas de las diferentes perspectivas. Las que favorecen el libre intercambio (individualistas, mutualistas) y las que se oponen al libre intercambio (colectivistas y comunistas). Este rechazo del libre intercambio parece contradecir la importancia vital de la libertad individual, aunque puede estar más vinculado con la exagerada importancia que le dieron ciertos escritores anarquistas a los textos socio-políticos de Marx y Engels. 

     Aún así, los anarquistas que abrazaron el movimiento denominado "sin adjetivos", afianzaron el argumento de que cualquier (re)organización no-coercitiva es válida en la libertad, incluyendo el comunismo y/o libre intercambio anti-capitalista. Esto no presenta(ba) gran problema para las perspectivas individualistas, mutualistas y colectivistas (estos últimos están más vinculados al anarco-sindicalismo) pero ha ido calando muy lentamente entre los partidarios del comunismo. Y no es caso de sorprenderse. Sin embargo, es creíble que estos últimos confundan el mercado capitalista (actual) con el libre mercado propuesto por los libertarios.

    Esta confusión del mercado capitalista con el libre mercado, es a lo que Kevin Carson denomina "libertarismo vulgar". En su caso, lo usa para referirse principalmente a aquellos libertarios individualistas que defienden el mercado existente cual si fuese ejemplo de un libre mercado, aún a sabiendas de que no es así. Lo mismo valdría para los libertarios que rechazan el Estado capitalista liberal pero que están prestos a defender el populismo y el capitalismo de Estado de los marxistas. 

     La confusión del libre mercado con el mercado capitalista entre los comunistas ha llevado a algunos a rechazar como injusta, errada o explotadora cualquier otra forma de (re)organización que no fuese la comunista. Tanto el marxismo (clásico) como el neo-liberalismo han fomentado a esta confusión. El primero porque condena los mercados como fuente innata de monopolios y privilegios y el segundo porque fomenta la percepción de que el capitalismo sin ciertas regulaciones equivale a libre intercambio. Ambas partes equivocan los conceptos para el beneficio de su teoría. Sin embargo, esto confusión no debe continuar siendo fuente de discordia entre los que verdaderamente abrazan el libertarismo y, por tanto, la defensa constante de la libertad individual.

(Continuará.)


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.